Organista Iglesia Luterana de Valdivia
Desde una convicción cristiana profunda, comprendo la música, el arte y el ejercicio interior como parte de una búsqueda permanente de sentido, conciencia y dignidad humana. Mi visión de la existencia se encuentra profundamente vinculada a la espiritualidad, entendida como un camino de reflexión, contemplación y encuentro con los otros.
La tradición universitaria europea mantuvo históricamente una estrecha relación entre filosofía, teología, música y formación humana. Universidades y centros de estudio de ciudades como Ginebra, Leipzig, Heidelberg o Lucerna desarrollaron durante siglos una intensa vida intelectual y espiritual, donde la música ocupó un lugar central en la vida cultural y comunitaria. Hasta el día de hoy, en países como Alemania y Suiza, existen programas universitarios de formación profesional de músicos de iglesia, organistas y directores corales, integrando estudios musicales, litúrgicos y humanistas.
La Reforma Luterana impulsó además el acceso del ser humano común a la lectura, la reflexión y la música en las lenguas vernáculas, fortaleciendo principios de dignidad, participación y vida comunitaria. La música coral y el órgano pasaron a ocupar un lugar fundamental en la experiencia espiritual de los pueblos.
Considero que la experiencia musical, la contemplación y la vida espiritual pueden contribuir profundamente al bienestar, la regulación emocional y la esperanza humana. Como señala la Escritura: “David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor” (1 Samuel 16:23).